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Viejos sitios donde amar la vida

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Dice la "Canción de las simples cosas"*   Video "La canción de las simples cosas"   (que es a la vez un poema, un tango y una copla otoñal en la voz de Martirio y una cicatriz en la de Chavela) que "uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida" . Y es verdad. Es difícil escribir sobre el pasado (la niñez, la primera juventud, ese tiempo extraño de metamorfosis) sin caer en lo cursi y lo manido. Sólo diré que pasé quince años de mi vida en este lugar de piedra, ladrillo y hierro forjado, un poco anacrónico, como varado en el tiempo, y que allí fui inmensamente feliz.  Ese “viejo sitio”, al que tantas generaciones de niños hemos llamado "colegio" ha sido testigo de varios capítulos de la historia reciente de nuestro país. En la primavera de  1896 , por encargo de unas religiosas francesas (a las que, por el color de su hábito, la gente llamaba no sin cierto afán tenebrista "las Damas Negras" ), se colocó la primera piedra...

BLANCO NUCLEAR

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“M” es una mujer robusta que roza la cincuentena. Tiene las manos fibrosas (“confíen en mí, yo mujer fuerte, veinte anios soldadora en mi país”, dijo en su primera entrevista de trabajo) y un rostro de facciones severas pero hermosas. Toma café en una terraza del centro, mientras se deja envolver por el bullir palpitante de esta tarde de principios de abril en la que acaba de estallar la primavera. Ah, el ruido, el polen, la risa. “M” aspira ese aire delicioso y lo introduce en sus pulmones con determinación, como quien se detiene a repostar: “¡lleno, por favor!”. La alegría como combustible, como único truco de supervivencia. Mientras espera, ojea una oferta de blanqueamiento dental que ha recogido del buzón y la estudia escéptica.  En su país, los dientes blancos no son aún una necesidad. Allí nadie posa con esa sonrisa bobalicona que han popularizado las redes sociales -a unos porque internet les queda lejos, a otros porque lo que les queda lejos es sonreír-.  “M”...

Mujeres que esperan, mujeres que se quedan, mujeres que se van.

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PENÉLOPE Mujeres que esperan. Veinte años no son nada, debía de pensar Penélope, mientras intentaba ignorar el fluir de su sangre, el rastro de la aguja en la tela, el discurrir de un tiempo que, a diferencia de ella, no esperaba por nada ni por nadie. Como tantas historias, que terminan siempre con un hecho deslumbrante, con una última escena lo suficientemente rotunda para colmar ese ansia tan humana de poner un punto final a las cosas -cuando lo realmente interesante es lo que vendría justo después del punto-, la suya se detiene con el retorno de su hombre. Pero veinte años son demasiados incluso para una historia con final feliz, pues igual que uno no se baña nunca dos veces en el mismo río, ni Penélope ni Odiseo debían de ser ya, a esas alturas, los mismos felices recién casados que fueron. Qué pena, Homero, tan amante de las grandes gestas, que no nos contaras cómo terminó la aventura más grande a la que tuvo que enfrentarse tu héroe, la de reencontrarse con su vida... Qué...

Objetos Perdidos

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Un cuarto sin ventanas con luz impúdica de hospital. Un habitáculo en el que una mente anónima ha dispuesto el modo de ordenar el caótico universo humano. Una estación espacial en la que orbitan carteras olvidadas, best sellers manoseados, dos portátiles, esa chaqueta que cogiste antes de salir de casa y en realidad no necesitabas, cinco estuches infantiles, coches de Scalextric, cuatro chupetes, un zapato (sin su pareja), dos peluches gigantes, quince juegos de llaves, cientos de paraguas y diversos cachivaches sin otro vínculo aparente que el de haber sido víctimas del olvido. Así es una oficina de Objetos Perdidos . Acudes con la esperanza no disimulada de encontrar aquello que perdiste (¿o deberíamos decir aquello que olvidaste? ¿acaso no es el olvido lo que antecede a la pérdida, lo que la provoca?   Objetos Olvidados , corriges mentalmente, así debería llamarse este lugar). Ante tí, al otro lado del mostrador que separa tu universo terrícola de ese espacio donde qu...

EL GALGO ESPAÑOL: EL FIN DE UN IDILIO.

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La primera vez que vi a un galgo tenía siete años. Dibujaba sobre un folio en blanco cuando, al trasluz, descubrí en el papel satinado la silueta de un animal, mitad perro mitad guepardo. Saqué unos cuantos folios más de su funda para ver si se repetía el milagro, y me maravilló comprobar que sí, que a través de mis dibujos infantiles y los documentos de mis padres, habíamos llenado, sin darnos cuenta, la casa de estos preciosos y misteriosos animales. Ya de adulta, mi vida se volvió a cruzar casualmente con la de los galgos -que esta vez eran de carne y hueso-, y como conocerlos es quererlos , ya nunca más se han ido. Acariciar la frente alta y noble de un galgo es un lujo asiátic o . No exagero. En la antigua civilización Egipcia, los antecesores de esta raza eran, junto con los gatos, los animales de compañía preferidos de las familias más poderosas del Nilo, hasta el punto de que, como se narra en documentos de la época (cartas escritas por el griego Herodoto de Halicarnas...

La tía Paquita

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Paquita nació hace ya muchos años en una pequeña ciudad del norte, en donde sus grandes ojos azules y su pelo rubio ceniza no pasarían, seguro, desapercibidos. Actriz ocasional, acabó contrayendo matrimonio con Vicente Pulgar , militar de profesión y apuntador aficionado, que le susurraba los giros olvidados de "La Venganza de Don Mendo". Fue esposa, madre, jugadora de cartas, cocinera, conductora -la recuerdo yendo y viniendo en su cochecillo rojo, en el que metía sus espléndidos setenta años largos y a todo el que quisiera subir-, y, si los avatares de su época no se lo hubieran impedido, creo que también hubiera sido una gran mujer de negocios, digna continuadora, como era, de una estirpe antigua de comerciantes. Elegante y dinámica, sorprendía siempre por su mirada originalísima de la vida y por su gran sentido del humor, cualidad por la que también destacaba su marido, y que los convertía en una pareja singular y divertida.   A todo el que entrab...

ELLOS -TAMBIÉN- CREAN

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El día de la madre entrevistamos a tres mujeres creadoras. Hoy, coincidiendo con el día del padre, quiero repetir el experimento con tres hombres (RICARDO CAVOLO, ilustrador, DAVID CASTRO, creador audiovisual, y MIGUEL BECER, diseñador de moda) que, aunque no son padres, también dan vida . Os dejo con ellos: RICARDO CAVOLO   nació en Salamanca hace 32 años, exactamente los mismos que lleva con un pincel en la mano. Trabajador infatigable, hombre discreto, talentoso y amante de las cosas bien hechas, ha puesto su sello en firmas de tanta envergadura como   NIKE , el   BARCELONA CLUB DE FUTBOL   o  CIRQUE DU SOLEIL  y ha colaborado en proyectos como el primer libro de SANTI BALMES (Love of Lesbian) titulado "¿Por qué me comprasteis un walkie-talkie si era hijo único", o el libro de recetas "Cocina Indie". Hace poco más de un año desembarcó en Londres, donde actualmente reside y donde (me temo que eso le sucederá allá donde vaya) no para de trabajar....