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Bebé de verano

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Ext. Día. Piscina.

Hace calor en esta mañana de principios de agosto, pero tú duermes a salvo del sol, con tu sombrero, la camiseta de Nemo factor ultravioleta y embadurnada de crema del 50. Qué fácil parece ahora protegerte de todo mal, ahora que respiras tranquilamente a nuestro lado, la libertad aún sin estrenar. Acaricio esas piernecillas sonrosadas, mi mano contra tu piel tan suave, mis dedos delgados surcando tu cuerpo regordete, limpio de toda mácula, dispuesto con inocente sencillez para la vida. 
Te toco y te siento tan nueva... Una cabecita aún sin pelo, dejando entrever la fontanela palpitante -"hay una grieta en todo, así es como entra la luz"(*)-; los tobillos rechonchos, todavía inservibles, esa sonrisa espontánea y desdentada, las manos, recién descubiertas, moviéndose gráciles y lentas como bailarinas, tu delicada desnudez expuesta al mundo... Te siento tan nueva que mis 34 años se desploman pesadamente sobre mí y quedo convertida en un dinosaurio grande y pe…

FINISTERRE

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No termina de llegar este año la primavera. Abril la está regando y acicalando sin prisa para que, cuando estemos ya a punto de perder toda esperanza, se nos aparezca tardía pero extasiante, como esas vírgenes barrocas que salen, al fin, en procesión tras la tormenta.  


Dentro de unos días, como a la tierra, a mí también me nacerá una primavera. Me brotará de dentro, como un tallo que germina en un magma misterioso y que despuntará después, jugoso y fresco. Tendrá nombre de mujer. Mientras escribo estas líneas, la primavera aletea dentro de mí, anunciando su presencia de pétalos, abejas y pájaros, elixir condensado de vida. Fantaseo con que estos últimos fríos no han sido más que un guiño, un afán de sincronía: la tierra me espera para que nuestras primaveras lleguen la vez.




¡Pero yo nunca he parido una primavera! Tampoco un otoño de piel ocre y sabor a membrillo, ni un verano que oliera a espuma de ola y a cadencia pesante y calurosa de jazz -summertimes/ and the living is easy (...)-.…

Europa: el rapto del relato.

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El  "relato" como concepto está de moda. Hoy en día, cualquier producto, equipo de fútbol, o incluso nación se nos presenta envuelta en una narrativa épica y cautivadora. A veces existe un relato natural, legible a través de las huellas que el hombre y los acontecimientos han ido dejando sobre la piel de un ser o sobre un pedazo de tierra. Como el agua que lame, redondeándolas, las piedras que duermen en el cauce de los ríos, el tiempo va esculpiendo lentamente cada historia, en una especie de braille planetario y universal. Cuando el relato no existe (o no resulta conveniente), se inventa a medida o se altera, buscando a través de su materia pegajosa adhesiones a una u otra causa. 
Quizá los motivos que explican el éxito del relato en este mundo globalizado y veloz que los humanos habitamos algo atónitos, se encuentren precisamente ahí, en nuestra búsqueda desesperada de un centro de gravedad -ese al que ya cantaba Battiato-. El hombre postmoderno, falto de referentes convin…

Catedrales

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Os propongo un juego: si sois de los que coleccionáis imanes, echad un vistazo a vuestro frigorífico y decidme qué veis. Probablemente, muchos de vosotros encontréis que, entre el imán con forma de pinta de cerveza espumosa que os regaló vuestro amigo irlandés, y el que comprasteis aquella vez para ayudar a la protectora de animales, hay una temática que se repite: la de las grandes construcciones emblemáticas. Yo acabo de hacer la prueba en mi casa y he detectado, entre otros, una Torre Eiffel, un Partenón, las murallas de Ávila y el Coloso de Rodas.

Puede que en estos tiempos utilitaristas y veloces, donde el individuo vive sobre-estimulado y su dimensión espiritual ha sido sofocada (o relegada a un plano casi epidérmico), percibamos con menos intensidad el poder de atracción de estos grandes monumentos. Pero si prestamos un poco de atención, nos daremos cuenta de que no somos completamente ajenos a su magnetismo. Estás grandes construcciones siguen formando parte de nuestro paisaj…

Feminidad de vestuario

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Aunque reconozco ser, en esencia, un animal terrestre, últimamente estoy dejándome seducir por los encantos ingrávidos de la natación -tan buena para todo, según parece-.

Para ponerle un poco de chispa a la cosa, cada vez que preparo la mochila pienso en esa escena tan intensa de la película "Azul", en la que una atormentada Juliette Binoche trata de alejar sus fantasmas sumergiéndose en las aguas añiles de una piscina de invierno. Había algo de perturbador, de axfisiante, en la imagen de esa mujer que se aferra a la vida a través del movimiento. Una brazada, otra... no pienso, sólo avanzo. Nado, luego resisto. El agua en la que se introduce, casi desnuda, deja al descubierto su fragilidad, su tragedia, pero a la vez le infunde una especie de fuerza sanadora. El azul, siempre al rescate de la protagonista.



Las piscinas madrileñas tienen poco que ver con las que Kievsloski imaginaba para su personaje. Son luminosas, alegres y bulliciosas. Incluso en algunas, como la de la C/ …

Viaje a lo remoto: sensación de retorno.

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¡Sensación de retorno! Pero, ¿de dónde, de dónde? Allí estuvimos, sí juntos. Para encontrarnos ese día tan claro las presencias de siempre no bastaban. (...)
Mi mirada sentía paraísos guardados más allá, virginales jardines donde con esta luz de que disponíamos no se podía entrar.
Por eso nos marchamos. Se deshizo el abrazo, se apartaron los ojos, dejaron de mirarse para buscar el mundo donde nos encontráramos.
Y ha sido allí, sí allí. Nos hemos encontrado allí (*).
Hay viajes, como el que sugiere el poema, que son a la vez de ida y de retorno. De ida porque, cuando lo emprendes, la senda a recorrer es aún incierta y no puedes reprimir el latido vigorizante de la aventura, de la exploración, de la conquista.  De retorno, porque a medida que caminas, sientes que no estás yendo, sino volviendo. Que tu destino te es, de repente, conocido, que una parte de ti -animal, clarividente- te susurra que tu viaje es en realidad sólo unavuelta a casa.
De estas travesías de ida y vuelta interior, nos habla Salinas, per…

La fraternidad del cuervo

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"Los cuervos aprenden de la muerte", reza un inquietante titular publicado en la prensa de esta semana. Los cuervos aprenden de la muerte -El País-


Si no fuera porque aparece en la sección de etología y porque, al parecer, resume un exhaustivo estudio científico, diría que es poesía. 

Resulta que los cuervos extraen lecciones de la muerte de sus semejantes. Se unen en torno al individuo caído, aún caliente, lo rodean y graznan juntos. Aparentemente, un gran réquiem fraternal. Pero no se trata de un ritual funerario. No es al compañero muerto al que honran con su canto, sino a la supervivencia de su propia especie (como si la "especie" fuera un único individuo, universal y eterno... como si la parte adquiriera una preclara y repentina conciencia del todo... Perpetuar el molde, ese antojo evolutivo). 


Es su vida y la de sus compatriotas las que los cuervos tratan de proteger con esta ceremonia. Ellos cantan y la letra dice así:  "Uno de los nuestros ha caído.Aquí y …